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El
regalo ‘estrella’ de estas Navidades puede causar una mala pasada a los
oídos cuando se utiliza de forma inadecuada. Hace dos décadas, los
otorrinolaringólogos decidieron emitir mensajes de alerta a los amantes de
la música sobre los riesgos asociados al uso de los walkman y los compact
disc portátiles. Ahora le toca el turno a los MP3 y a los iPod que permiten
un empleo más prolongado, dado que almacenan infinidad de archivos y poseen
unas baterías más perdurables que las de los sistemas antiguos.

Varias investigaciones llevadas a cabo en EEUU han constatado un aumento del
riesgo de sufrir pérdidas auditivas asociadas al uso de auriculares en la
población general. A raíz de estos datos, un ensayo llevado a cabo a
principios de 2005 entre adolescentes y jóvenes ponía de manifiesto que
ninguno de los encuestados pensaba que escuchar música con auriculares
normales o de ‘botón’ (que se colocan directamente en el interior del
pabellón auditivo) supusiera un riesgo para sus oídos.

Precisamente, estos últimos son más perjudiciales, debido a que el espacio
que queda entre el casco y el conducto auditivo no deja salir el sonido, por
lo que éste rebota causando daños más intensos en el órgano. No obstante,
cuando se les informó de que su hábito podía provocarles pérdidas
irreversibles en la capacidad de escuchar, aseguraron que a partir de ese
momento tratarían de protegerse.


RECOMENDACIÓN

«Estamos viendo en gente joven la misma pérdida de audición típica de las
personas mayores», ha asegurado Dean Garstecki, de la Universidad
Northwestern, en EEUU.

En Europa,
las estadísticas no dejan frío a nadie. Según datos de un estudio reciente
realizado por el Centro de Desarrollo Acústico de la Escuela de Ingeniería y
Arquitectura La Salle (Barcelona), un 33% de los jóvenes catalanes padece
deficiencias auditivas leves y un 17% sufre daños graves, por lo que se
estima que muchos de ellos requerirán un audífono a los 40 años.

Ignacio
Cobeta, catedrático de Otorrinolaringología en la Universidad de Alcalá
(Madrid), insiste en que la preocupación debe producirse por el «abuso en el
volumen con el que se escuchan estos aparatos». Si bien este experto es
partidario de no lanzar mensajes alarmistas, «porque sería como decir que
todas las telefonistas que trabajan ocho horas al día van a acabar sufriendo
problemas de audición y no es cierto», recuerda que existen dos signos que
pueden delatar un mal uso de los MP3 y los iPod: «Cuando cualquier persona
que esté cerca de un usuario de cascos pueda escuchar la misma música que
él, es que el volumen es demasiado elevado. Asimismo, si dos horas después
de quitarse los auriculares se sigue percibiendo un ruido dentro del oído,
algo que sucede también cuando se sale de una discoteca, es que se ha
producido un traumatismo acústico que puede tener consecuencias en la
audición. Es importante, en esos casos, consultar con un especialista».
Cobeta subraya que es complicado «hablar con los jóvenes sobre este problema
porque no lo perciben y no les interesa».

El
oído humano está preparado para soportar ruidos inferiores a los 85
decibelios, a partir de 115 empieza a producirse dolor. En un concierto de
música rock se superan los 140 y existen d’iscman’ y MP3 cuyos niveles de
sonido se sitúan en niveles de hasta 135 decibelios.

Las
secuelas irreversibles asociadas al exceso de ruido

Lo dice la
propia Organización Mundial de la Salud: la pérdida de audición provocada
por el ruido es una de las enfermedades irreversibles más frecuentes y
problemáticas de hoy en día. Pese a que la edad es un factor determinante
para la disminución en la capacidad de oír (empieza normalmente a los 32
años en el caso de los hombres y a los 37 en las mujeres), el intenso ruido
de las ciudades, las obras, los coches, las sirenas, ciertas actividades
laborales o de ocio (el tiro al plato, la caza, conducir motocicletas, entre
otros) está provocando disfunciones precoces a la hora de escuchar. Y no
sólo, la exposición al ruido causa, además pérdidas de audición,
interferencias en la comunicación, estrés, alteraciones en el sueño e,
incluso, infartos de miocardio. Un estudio llevado a cabo en el Centro
Médico Charité de Berlín (Alemania) con 4.000 enfermos cardiacos constató
que vivir o trabajar en un ambiente ruidoso aumenta las probabilidades de
sufrir un evento coronario en un 50%. Se confirmó, igualmente, que las
mujeres que viven en hogares con exceso de ruido son tres veces más
propensas a padecer un ataque cardiaco que aquéllas con casas silenciosas.

Siempre consulta a
tu médico

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